Dientes de león preservados: un recuerdo que conecta con nuestra infancia.

Hace unas semanas salimos a pasear por los caminos que rodean casa. Los prados estaban llenos de dientes de león y nos detuvimos un rato a observarlos.

Algunos ya estaban abiertos, esperando el viento. Otros seguían intactos. Mi hijo no tardó en acercarse a ellos y hacer lo que tantas personas hemos hecho alguna vez: coger uno, pedir un deseo y soplar.

Mientras veía volar las semillas pensé en cómo hay pequeños gestos que compartimos generación tras generación. Cosas sencillas que no solemos valorar hasta que las recordamos años después.

Quizá por eso los dientes de león siguen teniendo algo especial.

 

Aquel paseo acabó convirtiéndose en este pequeño vídeo.

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